Capitel dedicado a Sixto II y a San Lorenzo (Lonja chica Catedral de Jaca)

Etapa 10 - de Jasa a San Pedro de Siresa

En la sexta  jornada desde que salimos del Puerto de Yebra, llegaremos a Siresa para visitar el Monasterio románico  de San Pedro.

Dice la tradición, que en él estuvo guardado un modesto Grial que los obispos Oscenses y mas tarde Aragoneses, custodiaron durante muchos años antes de que fuera reclamado por la monarquía, para su mayor loor y gloria.

En esta etapa recorreremos unos quince kilómetros, con un desnivel de mas o menos seiscientos metros.

Salimos de Jasa, por una cómoda senda que se dirige a Aragües del Puerto.












Hermoso pueblo con casas en muy buen estado.





Algunas chimeneas, recuerdan a la bretaña francesa, es evidente que gentes celtas habitaron por estos lares. 





La primera es de Aragües, la segunda la hicimos en un viaje por esa zona.




La GR15 continua, no muy bien señalizada, camino de Urdués.



Subimos hasta Cuello Chilica, (desde donde hemos tomado esta vista de Oroel) para bajar hasta el precioso paraje en el que existió un poblado medieval de nombre Catareita o Cartecha, del que queda la deliciosa ermita de la virgen de Catarecha, reconstruida en el siglo XVI.



A su lado una cuidada zona de recreo es lugar muy concurrido en las romerías que los vecinos de Urdués celebran en honor de esta virgen, cuya talla románica se conserva en la iglesia parroquial de aquella villa.




Un par de kilómetros mas y llegamos a Urdués, 




A nuestra derecha la impresionante visión de una gran playa fósil, emergida tras el choque de placas que se produjo hace solo unos ochenta millones de años, casi nada.




Ganas me dan, de tumbarme a tomar el sol en esa preciosa superficie de arena solidificada, si no fuera porque se encuentra en una posición... un poco vertical.



Urdués, es una pequeña villa dividida en dos barrios por el barranco de Romaziete. La iglesia parroquial dedicada a San Martín de Tours, tiene en su raíz origen románico, fué reconstruida en el siglo XIX ya que el 28 de agosto de 1.809 fue saqueada e incendiada junto a todo el pueblo por tropas napoleónicas.



Se está de vicio en un banco junto a la iglesia, mientras en un pequeño parque, los críos juegan bajo la benevolente mirada de su abuela. Pero aún tenemos por delante la mitad del recorrido, así que emprendemos de nuevo el camino. 

Subimos por una pista rumbo a Garangó. En un arbol a nuestra izquierda, una tablilla indica que debemos abandonarla y la subida se hace mas acusada.




Poco a poco el valle de Echo va apareciendo ante nosotros, solo nos queda descender hasta él.




Antes de llegar a Escagües, cruzamos ¡oh que casualidad! el barranco de San Lorenz.  

La virgen de Escagües, es objeto de mucha devoción en el valle, su ermita, situada junto al cementerio, es el resultado de alguna o varias reconstrucciones la última en el siglo XVIII.




Llama la atención un bien tallado crismón trinitario, colocado en el muro a la izquierda de la puerta principal, es evidente que no está en su lugar original puesto que incluso se le aprecia un rebaje en la parte inferior que correspondería al dintel de una puerta, su datación es del siglo XII en esas fechas Escagües habría sido un poblado.




Cruzamos el puente sobre el Aragón Subordán y estamos en la Villa de Echo.




Este maravilloso pueblo del mas antiguo reino de Aragón, podría presentar un aspecto mucho mas puro y autentico si no hubiera sufrido los envites que la historia le reservaba. Como he dicho mas arriba respecto del pueblo de Urdués, también Echo sufrió aquel fatídico día una destrucción casi total por parte de las mismas tropas francesas que incendiaron y arrasaron la villa.




Aún así quedaron algunas casas y otras que se fueron construyendo.


La Iglesia está dedicada a San Martín. Anteriormente debió ser una impresionante construcción puesto que lo que emerge del abside románico es bastante grande, pero las reconstrucciones que ha sufrido, han variado el conocido aspecto de una iglesia románica.


En uno de sus muros, se encuentra labrado en síntesis el escudo de la Villa, que en unos de sus cuartos recoge la historia del rescate del infante Alfonso (el batallador) por unos pastores chesos, cuando fue atacado por un oso.




Nos disponíamos a salir hacia Siresa  por la carretera (no hay otro camino) cuando nos alcanzó alguien que andaba mas ligero que nosotros, y lo que por suerte pasa cuando caminas, en lo que cuesta adelantar a alguien, cruzas unas palabras y ya sigues todo el camino en compañía.



Deliciosa conversación. El era de Echo, hablaba cheso y su lenguaje sonaba hermoso a mis oídos a pesar de que me perdía la mitad de las frases. Este hombre, nos dijo que jamas viajaba en coche a pesar de que como esquilador, recorría la provincia bastante a menudo. Su familia tenía fonda en Echo desde hacía muchos años. Nos sorprendió su sabiduría respecto de la naturaleza y la geografía, también su portentosa memoria. Con él fuimos a una fuente de agua exquisita y tomé esta foto de una planta venenosa cuyo nombre no recuerdo y que se da solo allí y no se donde mas ¡vaya memoria la mía! (a ver si alguien por ahí me vuelve a informar).




Tontín tonteando, con la agradable compañía de Enrique Coarasa, tal es el nombre de nuestro compañero, llegamos a Siresa, contemplando como en tiempos pasados cualquier caminante hubiera hecho, la rotundidad con que un edificio es capaz de adueñarse del espacio que ocupa, empequeñeciendo todo lo que le rodea.




El monasterio de San Pedro de Siresa, es historia, quien mejor la cuenta es el maestro A. García Omedes y por suerte ha pervivido en el tiempo, tal vez su propia grandeza le haya permitido seguir en pie.






Sobre el 830, el conde carolingio Aznar Galindez se independiza de su mentor galo, proclamando el Condado de Aragón, los cimientos de San Pedro, revelan esta antigüedad y contienen los modos constructivos de las iglesias carolingias. El Grial pudo llegar aquí a partir de estas fechas. La tradición dice que se encontraba junto al altar mayor, en un hueco abierto en el lado del evangelio.





Fue sede episcopal con el obispo Ferriolo hasta que en el primer cuarto del siglo X, el Obispo Galindo de Pamplona, nombra varios obispos para los territorios del reino de Navarra, entre ellos a Ferriolo que se traslada junto con la sede episcopal al monasterio de San Adrián de Sasabe. Con él va también hasta allí el Vaso Santo cuya copia llevamos en la mochila y será la meta de nuestro próximo recorrido.

El track de la etapa.